¿Tan mal te trato Ecuador?

Cuando me preguntes esto siempre les respondo que por el contrario, me trato o bien que se redefinió, y luego, que se traten. Una necesidad de ir más lejos, llegó la hora de

¿Tan mal te trato Ecuador?

Hace 4 años cuando tomé la decisión de irme de mi país natal, Venezuela lo hice con mucha seguridad, sabía que las cosas se iban a poner difíciles y que yo no estaba preparada para ello, al comenzar una nueva vida en Ecuador, llegué con una idea clara, y era la de poder conocer a fondo la cultura, sumergirme en las tradiciones y manera de pensar de los Quiteños exactamente, estudié mi mercado, y les confieso que me mimetice en la ciudad.

Ecuador sacó lo mejor de mí, llegué con mis certificaciones en Pilates y terminé estudiando y preparándome como entrenadora personal, guinde de un lado mi título de Periodista para dedicarme al mundo deportivo a tiempo completo, porque si de algo estoy segura es que si ESO te apasiona dedícale cada gota de sudor y esfuerzo.

También rete a mi cuerpo, me convertí en una atleta o como digo yo, pichón de atleta, porque esta es una vida que se vive a diario y no solo en determinadas épocas del año solo para mostrar tu cuerpo durante 30 segundo en una tarima, definitivamente Ecuador fue mi lugar de crecimiento.

Entonces, ¿tan mal te trato Ecuador?

Cuando me preguntan esto siempre les respondo que por el contrario, me trato tan bien que se volvió hora de seguir esta aventura en mercados más amplios, que me permitan llegar a más gente, que me permitan poder ayudar a más personas, por eso se volvió una necesidad ir por más, llegó la hora de salir de la zona de confort.

Así que tomé la palabra de mi pareja, de familia oriunda de las islas canarias y comenzamos esta aventura de una segunda migración.

De Ecuador me traje sólo dos cosas; una virgencita tamaño bolsillo, virgen del panecillo que me pareció hermosa y la seguridad en mí misma, en que puedo lograr muchas cosas con solo creer en mí, en que mis pensamientos no tienen porqué tener límites y los sueños dejan de ser sueños cuando día a día trabajas por ello.

Y sí de algo más estoy segura, es que no te hace falta nada material para ser feliz, que se puede ser feliz con poco y que la felicidad no se puede comprar es una decisión que vives a diario.

Gracias Ecuador, por tanto… Hola Tenerife.

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